sábado, 12 de agosto de 2017

Bronca en la Revolución Ciudadana

El enfrentamiento entre Moreno y Glas, entendido como fisura en el proyecto político de la Revolución Ciudadana no ha podido menos que generar la atención de América Latina. En la ciencia social de la región se pregunta si hay quiebre definitivo o no del proyecto de esa revolución.

Juan J. Paz y Miño Cepeda / El Telégrafo

En América Latina hay una enorme expectativa sobre lo que ocurre en Ecuador. Académicos, profesores universitarios y científicos sociales de la región se preguntan por los acontecimientos, no llegan a comprenderlos en su esencia, intuyen que las diferencias entre el presidente Lenín Moreno y el vicepresidente Jorge Glas rebasan las “lealtades” de cualquier índole.

Cabe puntualizar al respecto, que el surgimiento de gobiernos progresistas, democráticos y hasta de nueva izquierda desde inicios del nuevo milenio, marcaron las interpretaciones sociopolíticas en el sentido de que se había iniciado en América Latina un nuevo ciclo histórico que permitió indudables avances sociales, modernización institucional y desarrollo económico que nunca fueron logrados por los gobiernos identificados con el neoliberalismo y el partidismo político de fines del siglo XX.

La ciencia social de la región examinó ese ciclo-progresista y también las fuerzas de oposición: las burguesías clásicas, los políticos tradicionales, los medios de comunicación privados más influyentes y el imperialismo.

La ciencia social latinoamericana ha sido rica en observar los acontecimientos de Honduras (Mel Zelaya, en 2009) y Paraguay (Fernando Lugo, en 2014), donde fueron derrocados los gobernantes mediante “golpes blandos”; además, hay un enorme material investigativo sobre lo que ocurrió en Argentina, con el triunfo de Mauricio Macri y en Brasil, con el golpe de Estado institucional que llevó a la presidencia a Michel Temer. Advirtieron el giro total hacia la “derecha” y llegó a hablarse del “fin del ciclo progresista” en América Latina.

En ese marco, las elecciones de Ecuador del 2 de abril de 2017 fueron vistas como decisivas, porque estaba en juego la continuidad de la Revolución Ciudadana o el triunfo de la ultraderecha empresarial de la mano de un candidato banquero. En América Latina, también dividida por las tendencias a favor o en contra de los gobernantes progresistas, Ecuador adquirió una importancia fundamental, porque aquí parecía jugarse el destino de la nueva izquierda y de la democracia de corte popular.

Así es que el triunfo del binomio Lenín Moreno-Jorge Glas fue experimentado con alivio por esos sectores de la intelectualidad y de la sociedad igualmente progresista y democrática, que ha acompañado al ciclo de los gobernantes nacional-populares y de nueva izquierda.

De modo que el enfrentamiento entre Moreno y Glas, entendido como fisura en el proyecto político de la Revolución Ciudadana no ha podido menos que generar la atención de América Latina. En la ciencia social de la región se pregunta si hay quiebre definitivo o no del proyecto de esa revolución.

Pero todo depende de la capacidad que tengan las fuerzas de la derecha económica y política para introducir sus intereses en el Estado, pues desde hace tiempo atrás buscan revivir las bases del modelo empresarial de desarrollo que significa, para ellas, reducir las capacidades regulatorias del Estado y sus inversiones, retroceder en impuestos directos redistributivos de la riqueza y flexibilizar el trabajo.

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